Neteru Essence es autora y creadora literaria, dedicada a la exploración de la poesía y la narrativa contemporánea. Su obra combina sensibilidad, reflexión y un cuidado meticuloso del lenguaje, abordando temas que van desde lo humano, la relación con la naturaleza y lo simbólico.


LOS SÍMBOLOS PRODUCEN COSAS COMUNES QUE HACEN POSIBLE UN NOSOTROS.

BYUN -CHUL HAN/ VIDA CONTEMPLATIVA

En el silencio reencontramos aquello que el tiempo parecía haber ocultado. Más allá de las palabras, la naturaleza nos conduce de regreso a nuestra esencia.

Ánima de Estrella reúne poemas inspirados en el simbolismo alquímico y en el vínculo profundo entre el ser humano y el mundo natural. Un recorrido de contemplación y transformación que invita a escuchar, encender los sentidos y reconocer la belleza de lo esencial a través de la voz más íntima del alma.


Literatura de la conciencia y el absoluto

Hace algún tiempo comencé a explorar una dimensión más amplia de la poesía. Llevaba años escribiendo versos bastante líricos, encriptados en el lenguaje de los símbolos. Escribir en verso —corto o largo, métrico o libre— me permitía contener por un tiempo aquella creatividad …

Alquimia y poesía

Solemos asociar la alquimia con laboratorios antiguos, con la búsqueda ciega del oro material o con el mito de la piedra filosofal. La historia oficial suele mirarla con desdén: como una quijotada quimérica o una simple metáfora literaria. Sin embargo, su origen es mucho más arcaico… y mucho más profundo. Algunos estudiosos la definen como la formalización práctica y filosófica del pensamiento mágico; un puente dorado que se originó, en realidad, en el Paleolítico. No es casualidad que este arte ancestral provenga del egipcio Kemi: la tierra negra, densa y fértil del Nilo. Ese lodo sagrado que Cleopatra estudió y utilizó como medicina egipcia. Aquí esta disciplina fue cuna de la ciencia, pero también la primera poesía de la materia. Los antiguos, al estar tan inmersos en el entorno natural, eran grandes observadores de la realidad que los rodeaba; en ese momento no existía la división entre ciencia y religión como hoy en día, sino que todo era parte de una misma cosa.

A través de los siglos, esta doctrina evolucionó y se ramificó en distintas corrientes: desde la filosofía del hermetismo alejandrino, pasando por vías místicas y espirituales, sin olvidar mencionar la tradición en China, que tuvo lugar en el año 144 a. C., o la hermética en Sudamérica, que también tuvo lo suyo a través del tremendo conocimiento de la biodiversidad y el lenguaje simbólico. Todo esto, hasta llegar a la psicología profunda de Jung. Hoy en día, estamos frente a un cambio de paradigma, donde la ciencia ha tomado conceptos casi olvidados del hermetismo, llevándolos a la física cuántica para explicar qué es y cómo actúa la percepción.

Y es precisamente ahí, en la frontera de la mente, donde opera la poesía. La física cuántica nos reveló un secreto que el hermetismo ya susurraba en la antigüedad: el universo no es una máquina estática y ajena a nosotros, sino una red viva que reacciona a nuestra presencia. El llamado «efecto observador» demuestra que la materia, en su nivel más fundamental, cambia cuando es mirada. El acto de observar no es pasivo; es un acto de creación, al igual que al nombrar las cosas o al encerrar la experiencia en el crisol del poema. Escribir no es registrar lo que ya existe; es obligar a la existencia a manifestarse a través de la palabra. El poema es el testimonio de que la conciencia, al igual que el fuego del alquimista, altera la composición del cosmos, lo transforma.

Pienso en Hildegarda de Bingen, que tradujo la vibración del firmamento en profecía y música; en Sor Juana Inés de la Cruz, cuyo Primero sueño es el viaje de un alma que asciende buscando el conocimiento puro. Pienso en Jorge Luis Borges, el gran alquimista de la palabra, que concibió el lenguaje como un laberinto de símbolos y cartografió el universo entero —el infinito Aleph— dentro de un solo punto del espacio; en Goethe, que a través del libro de la creación comprendió la metamorfosis del espíritu; y en William Blake, que limpió las puertas de la percepción para ver el infinito. Todos ellos vislumbraron que escribir no era solo registrar el entorno, sino transmutarlo. El poema, el arte, es el crisol donde el plomo de la experiencia humana se vuelve oro espiritual.

Taller * Neteru Essence

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